

Varios Artistas
Álbum: + Folk – Canción De Autor
Solistas, pero en compañía ……………. David Ponce
Tal vez porque casi siempre es un monosílabo es que casi nunca es suficiente. Cada palabra usada para poner nombres a la música siempre va a quedar estrecha, pero algo de verdad puede encerrar. Como la palabra folk, en Chile y en 2009.
En algún momento de la historia de esta palabra, folk es como eran llamados los cantantes que desde mediados del siglo pasado en Estados Unidos tomaron una guitarra o un banjo para levantar como solistas desde el gesto combativo de la guitarra que mataba fascistas de Pete Seeger o la de Woody Guthrie hasta la herencia de aprendices ilustres como Joan Baez, Bob Dylan, Joni Mitchell o Van Morrison; o también de cuartetos como el de Crosby, Stills, Nash & Young; o de dúos como el de Simon & Garfunkel; o de más solistas como Cat Stevens, James Taylor, Jim Croce, David Gates, Don McLean, Dan Fogelberg, favorito de las FM locales de los ’70, y hasta John Denver, que hasta vino a nuestro Festival de Viña en los peores años ’80 locales.
Folk en Chile en 2009 es otra cosa. Claro que no es primera vez que hay hombres y mujeres con guitarra aquí y ahora. Sólo que antes tuvieron otros nombres: cantores, en la Nueva Canción Chilena o en el Canto Nuevo de los ’60 y los ’70; cantautores, cuando el Canto Nuevo se puso de moda en los ’80; trovadores, cuando en los años siguientes pudieron tomar un influjo más directo de la Nueva Trova Cubana. Así han sido cantores los hermanos Parra o Tito Fernández, o Eduardo Peralta y Schwenke & Nilo, o cantautores más tarde Óscar Andrade o Fernando Ubiergo, entre decenas de otros. Y ahora el nuevo nombre para ese mismo gesto, de tocar solo y casi siempre usar una guitarra acústica como base, es folk. Y aunque no tenga que ver directo con el molde folk norteamericano, sí le cabe en parte ese nombre porque, además de toda la raíz de ser chilenos y latinoamericanos, estos nuevos músicos tienen una conexión musical más cosmopolita con las fuentes musicales de otras partes del mundo.
Esa misma raíz americana conecta por ejemplo a Daniela Conejero y a Alejandro Soto, hoy solistas e iniciados ya en los años ’90 como integrantes de los grupos de dos músicos de experiencia: ella con Pedro Villagra y él con Patricio Manns, además del paso de Alejandro Soto por el grupo de música latinoamericana Sur-Gente. Y una primera muestra de lo diverso de estos orígenes está en otra dupla entre una mujer y un hombre, que más de una vez han compartido incluso el mismo escenario. Por un lado está el pop absoluto desde el que se inició una adolescente Sabina Odone para transformar ese sonido en el pop folclórico declarado de su canción “Detener el tiempo”. Y por otro está la “trova-rock” que el propio Manuel García declaraba a su vez como parte del disuelto grupo Mecánica Popular en los ’90, y desde la cual ha evolucionado como solista a una forma mucho más personal y acabada de la misma trova con intención rockera en la manera de cantar.
A la vez que aparecía como solista, García coincidió con un compañero de ruta de una raíz muy diferente: la raíz digital con la que Gepe ha intuido siempre con certeza el rumbo de su música. De “folk” puede tener perfectamente nada, como cuando muestra la libertad de tocar con teclados y bases programadas, pero también es capaz de inventar su propia forma de afinar y tocar la guitarra acústica como hace aquí en “A la vista”. En los mismo años ya se incubaban otros dos de estos solistas con orígenes igual de diversas: a partir del sonido desaliñado de un trío de rock, Fernando Milagros se inició en 2006 con su primer disco personal y con una voz y una guitarra que no han perdido ese rasgo callejero, y a partir de una inquietud incesante por el pop, el hip-hop y otros géneros en diversos grupos, Pedropiedra se decidió al fin en 2008 a debutar solo, sin por eso renunciar a los estupendos arreglos logrados en compañía de un grupo con teclados, guitarras, bajo y batería.
También desde el rock han sacado la voz el prolífico Nano Stern, quien tras un paso por los grupos Matorral y Mecánica Popular a comienzos de la década se inició en 2006 como el más viajero de todos estos hombres y mujeres por el mundo, y Chinoy, con una aparición sin precedentes hacia 2007, año en que el rumor de sus actuaciones en bares, fuentes de soda y lugares más callejeros antecedió a una espiral en la que ganó un público creciente y devoto años antes de debutar con un disco formal recién en 2009. Muy en sintonía con esa forma desgarrada de tocar y cantar, Camila Moreno protagonizó también en 2009 una escalada en torno a su álbum debut, con una voz profunda y un instinto por la raíz folclórica que aquí comparte con la cantante porteña Pascuala Ilabaca, quien a su vez entrega una de las versiones de Violeta Parra de su primer disco. Es cuestión de instinto, tal como el instinto natural por tocar solo que, en paralelo a todas estas historias, Javier Barría nunca ha perdido en los últimos siete años, solista desde siempre, incluso desde cuando no estaba de moda, a comienzos de la década. Son demasiados rumbos como para caber en un monosílabo de cuatro letras como folk. Pero por algo se empieza. Por un compilado de más folk como éste, sin ir más lejos, para tomar el pulso a una generación individual y colectiva al mismo tiempo. Solistas, pero entre todos ellos acompañados.
David Ponce es periodista y uno de los editores del sitio Musicapopular.cl





